Por más egoista que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos elementos en su naturaleza que lo hacen interesarse en la suerte de los otros de tal modo, que la felicidad de éstos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga, a no ser el placer de presenciarla (Adam Smith, Teoría de los sentimientos morales, 1759)
No hay comentarios:
Publicar un comentario