Ayer el periódico El País anunciaba que "Los partidos estudian que los hijos cuenten para calcular la pensión" (http://www.elpais.com/articulo/economia/partidos/estudian/hijos/cuenten/calcular/pension/elpepueco/20101019elpepueco_11/Tes)
La idea es que, a aquellas mujeres que no lleguen a cotizar el mínimo de años necesario para devengar una prestación contributiva (15 en la actualidad), puedan imputárseles algunos años de cotización "ficticia" por cada hijo, tal y como se hace en Francia.
Este tipo de medidas suelen recibirse con agrado por el gran público, en la idea de que hay que facilitar la inserción de la mujer en el mercado laboral, reconociendo además que su dedicación a la familia (criándola) también contribuye al sistema productivo.
Sin embargo, me planteo si este tipo de medidas son eficaces y, por otro, si son justas. Por lo que se refiere a su eficacia, si lo que se quiere es estimular la natalidad, me resulta difícil creer que la decisión de tener hijos se vaya a tomar en función del diseño de las prestaciones a la Seguridad Social, o incluso de la existencia de ayudas como el extinto “cheque bebé” de 2.500 euros. Aunque este tipo de medidas puedan facilitar –directa o indirectamente- la manutención de las familias que tienen hijos, las políticas públicas sólo pueden ser una cuestión de segundo orden a la hora de decidir si tener o no más hijos. El retraso de la edad a la que se tienen hijos y la disminución del número de descendientes es, sencillamente, una consecuencia del deseo de las mujeres de consolidarse profesionalmente antes de tomar una decisión que ya saben de antemano que estancará su promoción laboral.
Por otra parte, creo que también es cuestionable la implantación de estas medidas desde el punto de vista de la equidad. El texto de la noticia señala que la imputación de años de cotización “ficticia” se haría a aquellas mujeres que tienen más de tres hijos, porque contribuyen en mayor medida a la futura fuerza laboral de nuestra sociedad, facilitando la sostenibilidad del sistema de pensiones. La pregunta que se me plantea es ¿por qué sólo a partir de tres hijos? E, inmediatamente después, ¿qué tipo de familias tienen tres hijos en la actualidad? Si hiciésemos un estudio del perfil socio-económico de las familias consideradas numerosas en las que la mujer no llegase a la cotización mínima de 15 años, con toda probabilidad nos encontraríamos con que son, en buena medida, hogares de renta elevada en los que el salario del sustentador principal es lo suficientemente alto como para poder “permitirse” que el otro progenitor no trabaje durante unos años. Si esto fuera así, entonces el grado de equidad de la medida sería más que dudoso.
Más allá de la justicia y la eficacia de estas medidas políticas, habría que hacer un par de reflexiones adicionales. Por un lado, si de lo que se trata es de garantizar la sostenibilidad del sistema de Seguridad Social, tratando de aumentar el porcentaje de población joven –la futura fuerza laboral-, hay una medida mucho más sencilla y con efectos más inmediatos: la flexibilización de las políticas de inmigración. La población inmigrante es, en media, mucho más joven que la española y, durante sus primeros años aquí, mantiene los patrones de natalidad de su país de origen. Esto no es nuevo, claro. Durante los últimos diez años, la contribución de la población inmigrante a nuestro sistema de Seguridad Social ha sido enorme.
Pero, al parecer, esos mismos inmigrantes que tienen más hijos que nosotros, rápidamente adoptan nuestros “hábitos reproductivos”, con lo que esta medida no sería suficiente para garantizar nuevas y numerosas cohortes de trabajadores.
Si se quiere que las mujeres tengan más hijos, tienen que tenerlos antes (la edad media a la hora de tener el primero está en torno a los 35 años) y, para eso, deben tener garantías de que el mercado de trabajo no las arrinconará a su vuelta. Para eso, es fundamental que las empresas –los empleadores, en general- dejen de percibir a las mujeres en edad fértil como una “carga” en relación con los hombres de su misma edad. ¿Y cómo conseguimos eso? Creo que habría que buscar fórmulas que igualasen el coste que experimenta la empresa cuando sus empleados tienen hijos, con independencia del sexo del empleado. Dicho de otra manera, si los permisos de maternidad y paternidad, las facilidades para disfrutar de una reducción de la jornada laboral, etc fuesen iguales para hombres y mujeres, tendríamos una buena parte del camino recorrido para consolidar la inserción de la mujer en el mercado de trabajo y, como consecuencia de ello, facilitar la crianza de los hijos.
Y esto lo escribo el día en que deja de haber un gobierno paritario y desaparece el Ministerio de Igualdad.
ResponderEliminarMuy de acuerdo con Ana.
ResponderEliminarPero una manera aún más eficaz de facilitar y conciliar la vida laboral y familiar pasaría por permitir a madres y padres reengancharse al mercado laboral después de encargarse durante unos años del cuidado de sus hijos. Y eso pasa por un modelo de mercado laboral más abierto a la entrada de nuevos trabajadores, y por tanto con unas modalidades de contratación mucho más flexibles. Esto ya ocurrre en otros países y hombres y, sobre todo, mujeres de más de 45 o 50 años pueden regresar al mercado laboral y aportar su capacitación y experiencia.
Pero claro, ¡iluso de mi!, esto implicaría el cambio a una sociedad más abierta, de mayor responsabilidad y libertad personales y de menos peso de las rigideces institucionales que nos acompañan y acogotan (leyes laborales caducas, mercado laboral dual entre trabajadores de la función pública y los que no lo son, convenios colectivos "colectivizados" y centralizados, ... ); en fin, todas ellas instituciones de una sociedad algo cerrada que sólo hace la vida más fácil a los que ya están con derechos adquiridos en el mercado laboral y este no suele ser el caso de las mujeres ni de los hombres preocupados por tener una vida familiar.
Juan Castañeda
La realidad es que resulta muy complicado compaginar la vida laboral y familiar.
ResponderEliminarPensamos que una jornada de 8 a 3 va a permitir que lleguemos a todo,y no es así. La solución pasa por hacerte responsable de tu propio trabajo y cierta flexibilidad horaria: no todos los días tienes las mismas obligaciones laborales o familiares y lo importante es que el trabajo salga adelante y tu casa también.
La realidad de nuestro mercado laboral es que la única forma de control de la eficacia parece ser el cumplimiento de un horario.
Con un poco de voluntad negociadora yo he vivido como en mi entorno han ido encajando sus "dos vidas", demostrando a sus superiores que cuando hay que estar, están, y que a veces, es preferible no ir a trabajar que estar allí con la presencia física pero no con la cabeza. Esto, claro, desde una lucha totalmente individual, en la que cada uno/a hace valer únicamente su capacidad profesional.
Por otro lado sí creo que la cotización social (si se aplicase a todos, padres y madres de 1 o más hijos) permitiría cierto relajo a la hora de solicitar excedencias por un par de años, el tiempo que se te cotizaría, y no demasiado como para ser expulsado del mercado laboral. Pero esto, evidentemente, no animará a nadie a tener hijos, sólo dará facilidades al que los tenga.
Totalmente de acuerdo, "penalizando" a la empresa con el mismo permiso de paternidad al hombre y a la mujer, se terminaría con la "carga" que supone para las mujeres tener que decidir entre trabajo y maternidad...
ResponderEliminarCompletamente de acuerdo. Además, creo que algo tan simple como la implantación de guarderías en centros de trabajo, edificios de oficinas o conjuntos industriales que aglutinen a más de 50 personas ayudaría enormemente a la mujer sin necesidad de "regalar" cotización. Existen mujeres que no desean tomar una excedencia pero la imposibilidad de compaginar el horario de trabajo con el de guardería les obliga a hacerlo. La sociedad debería reflexionar, porque hoy en día pocos son los hogares que se mantienen con un sólo sueldo y esta falta de elasticidad en horarios de escuelas infantiles afecta negativamente tanto a la madre como al padre; pero en mayor medida a aquélla por la cultura en la que vivimos. Parece que el sector político no entiende que la integración no se consigue a base de cheques, sino de servicios.
ResponderEliminarDe todas formas, yo creo que algo hemos avanzado en cuestión de servicios, desde que yo madre de tres hijos, trabajando mi marido todo el día hasta por la noche y yo hasta las 3. Hemos criado a mis tres hijos con muchas dificultades, sobre todo cuando estaban enfermos y no sabíamos que hacer con ellos, una pastilla y al colegio, tuvimos que contratar a una niñera, y el dinero casi no nos alcanzaba, pero teníamos que prescindir de otras cosas, que no eran tan importantes, como podía ser viajar, ir de vacaciones o a tomar algo.
ResponderEliminarPero la verdad que hemos salido para adelante, a veces recurriamos a los abuelos, muchas veces, hoy en día ya tienen 25, 23 y 21 años todos han estudiado una carrera, y a costa de que nosotros los padres nos hemos sacrificado mucho.
La vida es dura y hay que trabajar y luchar mucho, pero el gobierno está para que todo el mundo que quiera trabajar lo pueda hacer y si alguien quiere la opción de dejar de trabajar en un momento de su vida para cuidar a sus hijos que lo pueda hacer, pero que si después quiere volver que también sea posible.
Además de proveer de unos servicios que se pueda compatibilizar el trabajo y la crianza de los hijos, pero no olvidemos que nosotros también nos tenemos que sacrificar.
Es más cómodo también la forma de vida de hoy en día que se vive mejor sin muchas preocupaciones y sin tener obligaciones como puede ser unos hijos o el mantener un hoja.
Creo que debemos de reflexionar sobre el tema y no echar toda la culpa a nuestras Instituciones, todos seguro que podemos colaborar y aportar algo positivo.
Muchas gracias y disculpen por haberme extendido tanto.